Aspirantes

Kanoute

Partidazo el de ayer en el Sánchez Pizjuán, ambiente de lujo para recibir al mejor conjunto del momento, solo el Arsenal es capaz de saltar al campo con una media de edad como la de ayer, con siete no habituales para medirse contra un rival serio, un Sevilla correoso y ágil, los dos adjetivos que le pegan más a este Sevilla, ayer lo demostró.

El Sevilla tiene engañados a muchos, no juega bien, su fútbol no es cescdemasiado agradable a la vista del espectador neutral, más bien es reprobable que juegue como lo hace. Su jugada «marca de la casa» es balón largo de Alves para Kanouté, que se ha desmarcado, salta de entre centrales a la espalda del pivote, peina el balón al centro para la entrada en segunda línea de Luis Fabiano y el interior de la banda izquierda. La otra versión al pelotazo de Alves es que el malí la baje y la juegue de cara a los pivotes o en profundidad para el interior diestro (y luego sigue la jugada hasta posiciones de remate). Un equipo que para ese juego (lo hizo el Madrid de Capello poniendo a Diarra para que Kanouté no bajase los pelotazos) le corta el juego a un equipo que carece de creadores de juego, ya que ni Poulsen ni Keita tienen calidad para llevar a este equipo.

 Después velocidad y desborde en bandas y mucha pegada delante. En la parte defensiva el Sevilla es un equipo que juega al borde del reglamento, Drago, Alves, Poulsen, Crespo, ayer merecieron la tarjeta por reiteración en las faltas (esa gran olvidada, la que ha matado el fútbol de ataque). Me explico, cuando un equipo comete muchas faltas rompe el ritmo del rival (que por lo tanto es quien quiere jugar el balón) ayer lo consiguió el Sevilla mediada la primera parte, después del gol de Da Silva, y ahí ganó el partido, bien es cierto, pero abusando de cometer incorrecciones, que no fueron castigadas como devieran.

Me vuelvo a quitar el sombrero delante de Cesc Fábregas, es evidente que siento una especial simpatía por él, pero ayer volvió a demostrar que sin estar brillante su peso dentro del juego del Arsenal es palpable a miles de quilómetros. Verle recibir por delante de los centrales y dar una salida fácil y rápida a su equipo, pocos segundos después verlo entrar en el área con hambre de gol, con movimientos precisos, como si fuera un auténtico mediapunta, verlo al rato robando un balón en la posición de central, luego botando un córner, y así hasta que se tuvo que retirar lesionado, entre la ovación del Pizjuán. Es un auténtico placer verle jugar.

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