Archive for Octubre 1st, 2009

Son cinco minutos, como mucho seis, un parpadeo o una eternidad, depende. Poco más necesita este Madrid, aplastante en los resultados y nada seductor en el juego, empeñado en aplazar un debate que antes se antojaba esencial: el del estilo. Obstinado también Cristiano, verdugo del Olympique con dos goles, un penalti con expulsión incluida y cuatro dianas totales en dos citas de Champions. Los franceses, con Niang a la cabeza, dominaron antes del descanso para morder el polvo sin darse cuenta (3-0).

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Cristiano puede hacer muchas cosas ese tiempo, ya sea en su Ferrari o en el área rival. Puede recibir un pelotazo de Pepe y marcar por bajo o aparecer como delantero para empujar a la red la mejor jugada de su equipo. Y si acelera más, también puede forzar un penalti y la segunda amarilla de Diawara, que se llevó el balón y el tobillo de CR-9. Todo eso cabe en el universo del portugués, que también probó desde lejos cuando no había huecos por el centro.

Vive al límite Cristiano y el domingo lo volverá a demostrar en el Sánchez Pizjuán si baja la inflamación de su tobillo derecho. Más le vale al Madrid contar con sus servicios, porque anda tieso de fútbol. Pellegrini prueba y prueba en la medular y la gente sigue esperando en Chamartín. A este paso, todos se acercarán tras el descanso y darán por imposible al equipo hasta entonces. Así ha sucedido en los cuatro partidos en casa, plagados de imprecisiones y leves pitos.

Esta vez jugaron Guti y Kaká, pero resulta que tampoco. Pellegrini llenó el campo de centrocampistas, a los que hay que añadir a Gago y Xabi Alonso, el único completamente imprescindible, incluso en noches donde le abandonan las musas. El Madrid sólo crecerá en torno a él, porque a su gente le gusta el buen fútbol. Los resultados ayudan a crecer y dan tranquilidad pero incluso los más convencidos ‘florentinistas’ ven con recelo lo que sucede noche tras noche.

El Atlético deambula anémico por la Liga y ahora también por la Champions. Tras su derrota, al final rotunda (2-0), en Oporto, ocupa la última plaza del grupo D, detrás del Apoel Nicosia que le empató en el Calderón el primer partido de la liguilla.

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La ligera mejoría era imaginaria, puro teatro. El pequeño soplo de vida de aquel gol de Maxi el sábado en Mestalla duró hasta que el rival portugués, poco brillante en el inicio de la temporada, aceleró su tranco y horadó el butrón en la pared rojiblanca por el lado más débil, el de Perea, esta vez lateral izquierdo.

Abel Resino ordenó una defensa inédita con Ujfalusi en la banda derecha y el colombiano en la opuesta, con Juanito y Pablo en el eje. Delante mantuvo sus convicciones, con Maxi en el banquillo, Simao y Jurado de falsos extremos, Cléber por delante de Assunçao y la pareja de delanteros de máximo crédito: Agüero y Forlán.

Tras hora y cuarto de control, con alguna fase convincente en cuanto al juego y el trato del balón, el Atlético pareció superior al Oporto, al menos en la profundidad y la claridad de sus ideas. Los porteros visitantes, Roberto, lesionado a los 25 minutos, y el juvenil debutante De Gea, su sustituto, no se vieron obligados ha hacer ninguna parada en el primer tiempo y el chico empezó a mostrar su calidad bien entrado el segundo.

Hasta entonces, el Atlético no pareció tener nada que temer. Como mucho, al árbitro, que 50 metros por detrás de la jugada no advirtió el penalti de Pereira a Agüero nada más acabarse el tiempo de descanso.

Pero el globo rojiblanco se pinchó con estruendo cuando al bando local se sumó Guarín y al visitante Maxi Rodríguez. Bastaron unas aceleraciones por las bandas para desnudar al muñeco bien vestido de Abel Resino. De Gea retrasó con esmero y estupendas paradas el hundimiento de su Titanic. Pero era inevitable.