El FC Barcelona sólo pudo empatar (0-0) en su visita al Rubin Kazan en la cuarta jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones, tras un encuentro en el que el conjunto de Josep Guardiola se encontró con un inabordable muro que fue incapaz de superar, a pesar de dominar totalmente el partido y disponer de las mejores oportunidades.

El cuadro blaugrana fue fiel a su idea pero no pudo perforar un sistema defensivo prácticamente indestructible, el de un equipo que rechazó el balón, pero cumplió su objetivo de minimizar al Barça, abortando sus opciones y sembrando la sombra de la duda para las dos jornadas finales, en las que ambos conjuntos se jugarán su pase a los octavos de final, dentro de un grupo muy igualado.
Los pupilos de Berdyev probaron las mieles de la gloria en el Camp Nou con una idea y optaron por llevarla hasta los extremos en su terreno. Casi rechazando el balón y con el argentino ‘Chori’ Domínguez como único jugador dispuesto a crear y no sólo a destruir, los rusos buscaban vencer a su rival por puro agotamiento de ideas.
Porque, al contrario de lo que pudiera pensarse, el principal enemigo blaugrana no era el frío. Distaba mucho de serlo. Sí lo fue el bloque perfectamente trabajado por Kurban Berdyev, que muestra una extraordinaria predisposición defensiva y una capacidad de trabajo colectivo que parece no tener fin.


