Cierto que nada se puede hacer ante el gran gol de Ryazantsev sólo empezar el duelo. Pero, luego, al equipo de Guardiola se le supone mucho más. Y, al contrario que en la temporada anterior, apenas tuvo recursos ante un rival muy organizado, más rodado, pero infinitamente menos técnico.

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Guardiola alineó un equipo ultra ofensivo, con un centro del campo de ataque y por Márquez en lugar de Puyol. Pero de nada sirve eso si los jugadores no se mueven sobre el césped. Están estáticos. Messi, quizás descentrado tras su paso por Argentina, ha perdido su ángel. A Iniesta le falta confianza.

Sólo una conexión de dos súper clase como Xavi e Ibrahimovic propició un empate, al inicio de la segunda parte, que quizás fue contraproducente: dio la impresión de que el Barça acabaría ganando por inercia. En cambio, perdió en un contraataque que condujo Domínguez.

A la desesperada, el grupo azulgrana encerró al rival en el área tras el 1-2. Estrelló dos balones en los palos (Ibrahimovic y Toure), pero las súplicas del técnico del Rubin desde el banquillo, siempre sujetando unas plegarias religiosas, evitaron el empate.

El Camp Nou y el Barça perdieron ayer en Europa la aureola de equipo inexpugnable. Ahora, al Barça le espera el frío invierno de Kiev y Kazan y recibir en casa al competitivo Inter de Mourinho. Un enredo. Grande.

De salida, el técnico sevillista, Manolo Jiménez, optó por reforzar el aspecto físico, con la inclusión de Adriano por delante de Navarro en banda derecha, y Lolo como acompañante de Zokora en la medular, para que la dupla mortal Kanouté-Luis Fabiano se encargara de los goles. En cuanto a la alineación del Stuttgart deparó la sorpresa de que sus dos mejores jugadores, el ruso Pogrebnyak y el internacional germano Hitzlperger se quedaban en el banco, en una aparente apuesta defensiva.

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Los alemanes, que llegaban a esta cita tras sumar sendos empates en las dos jornadas precedentes, salieron, pese a todo, con talante ofensivo y avisaron de su peligro, con dos cabezazos desde el área pequeña, tras jugadas nacidas en el costado diestro, donde mandaba el ex barcelonista Hleb. Mucho más clara fue la ocasión que se produjo en el minuto 8, cuando Sergio Sánchez estuvo a punto de meter en propia meta un centro del defensa Osorio. Apretaba el Stuttgart en un ataque constante, y ahora era el punta brasileño Cacau quien probaba desde la medular a Javi Varas, hoy sustituto del lesionado Palop.

Peor hubieran sido las cosas, si el colegiado no hubiera anulado en el minuto 14 un gol a Kuzmanovic por fuera de juego. El Sevilla no controlaba el centro del campo y se veía encerrado en su terreno. Como muestra de lo que era el partido, Kanouté se convertía en delantero rival y obligaba a Varas a despejar un balón peinado en defensa por el malí, que ya buscaba la red.

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El argentino Lionel Messi, del FC Barcelona, seis jugadores españoles, cinco brasileños, cuatro ingleses y otros tantos franceses aparecen en la lista de los 30 candidatos al Balón de Oro publicada por ‘France Football’.

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La web de la revista francesa presentó el nombre de los pretendientes para llevarse su preciada estatuilla, que dice premiar al mejor futbolista del mundo este año, y que en 2008 fue para Cristiano Ronaldo.

El portugués del Real Madrid vuelve a figurar este año en el grupo, en el que los españoles son la nacionalidad más numerosa con Iker Casillas (R. Madrid), Cesc Fábregas (Arsenal), Fernando Torres (Liverpool), Iniesta (Barcelona), David Villa (Valencia) y Xavi (Barcelona).

Los cinco brasileños seleccionados juegan en equipos europeos: Diego (Juventus de Turín), Julio César (Inter de Milán), Kaká (Real Madrid), Maicon (Inter de Milán) y Luis Fabiano (Sevilla).

Los cuatro ingleses están en las filas de formaciones británicas: Steven Gerrard en el Liverpool, Frank Lampard en el Chelsea, Wayne Rooney en el Manchester United y John Terry en el Chelsea. A ellos se podría sumar el galés Ryan Giggs, del Manchester United.

En cuanto a los franceses, Karim Benzema juega con el Real Madrid, Yoann Gourcuff con el Burdeos, Thierry Henry con el Barcelona y Franck Ribéry con el Bayern de Múnich.

[Los 30 candidatos]

Son cinco minutos, como mucho seis, un parpadeo o una eternidad, depende. Poco más necesita este Madrid, aplastante en los resultados y nada seductor en el juego, empeñado en aplazar un debate que antes se antojaba esencial: el del estilo. Obstinado también Cristiano, verdugo del Olympique con dos goles, un penalti con expulsión incluida y cuatro dianas totales en dos citas de Champions. Los franceses, con Niang a la cabeza, dominaron antes del descanso para morder el polvo sin darse cuenta (3-0).

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Cristiano puede hacer muchas cosas ese tiempo, ya sea en su Ferrari o en el área rival. Puede recibir un pelotazo de Pepe y marcar por bajo o aparecer como delantero para empujar a la red la mejor jugada de su equipo. Y si acelera más, también puede forzar un penalti y la segunda amarilla de Diawara, que se llevó el balón y el tobillo de CR-9. Todo eso cabe en el universo del portugués, que también probó desde lejos cuando no había huecos por el centro.

Vive al límite Cristiano y el domingo lo volverá a demostrar en el Sánchez Pizjuán si baja la inflamación de su tobillo derecho. Más le vale al Madrid contar con sus servicios, porque anda tieso de fútbol. Pellegrini prueba y prueba en la medular y la gente sigue esperando en Chamartín. A este paso, todos se acercarán tras el descanso y darán por imposible al equipo hasta entonces. Así ha sucedido en los cuatro partidos en casa, plagados de imprecisiones y leves pitos.

Esta vez jugaron Guti y Kaká, pero resulta que tampoco. Pellegrini llenó el campo de centrocampistas, a los que hay que añadir a Gago y Xabi Alonso, el único completamente imprescindible, incluso en noches donde le abandonan las musas. El Madrid sólo crecerá en torno a él, porque a su gente le gusta el buen fútbol. Los resultados ayudan a crecer y dan tranquilidad pero incluso los más convencidos ‘florentinistas’ ven con recelo lo que sucede noche tras noche.

El Atlético deambula anémico por la Liga y ahora también por la Champions. Tras su derrota, al final rotunda (2-0), en Oporto, ocupa la última plaza del grupo D, detrás del Apoel Nicosia que le empató en el Calderón el primer partido de la liguilla.

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La ligera mejoría era imaginaria, puro teatro. El pequeño soplo de vida de aquel gol de Maxi el sábado en Mestalla duró hasta que el rival portugués, poco brillante en el inicio de la temporada, aceleró su tranco y horadó el butrón en la pared rojiblanca por el lado más débil, el de Perea, esta vez lateral izquierdo.

Abel Resino ordenó una defensa inédita con Ujfalusi en la banda derecha y el colombiano en la opuesta, con Juanito y Pablo en el eje. Delante mantuvo sus convicciones, con Maxi en el banquillo, Simao y Jurado de falsos extremos, Cléber por delante de Assunçao y la pareja de delanteros de máximo crédito: Agüero y Forlán.

Tras hora y cuarto de control, con alguna fase convincente en cuanto al juego y el trato del balón, el Atlético pareció superior al Oporto, al menos en la profundidad y la claridad de sus ideas. Los porteros visitantes, Roberto, lesionado a los 25 minutos, y el juvenil debutante De Gea, su sustituto, no se vieron obligados ha hacer ninguna parada en el primer tiempo y el chico empezó a mostrar su calidad bien entrado el segundo.

Hasta entonces, el Atlético no pareció tener nada que temer. Como mucho, al árbitro, que 50 metros por detrás de la jugada no advirtió el penalti de Pereira a Agüero nada más acabarse el tiempo de descanso.

Pero el globo rojiblanco se pinchó con estruendo cuando al bando local se sumó Guarín y al visitante Maxi Rodríguez. Bastaron unas aceleraciones por las bandas para desnudar al muñeco bien vestido de Abel Resino. De Gea retrasó con esmero y estupendas paradas el hundimiento de su Titanic. Pero era inevitable.