Oportunidad perdida

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Un empate con anestesia para Pellegrini, que es bastante, pero visto lo visto en San Siro, sabe a poco tras unos primeros 45 minutos de dominio blanco sin pegada. El Real Madrid perdió una ocasión inmejorable de vencer en territorio comanche al geriátrico de Berlusconi. Quitando a Pato, lo demás ya dio lo que tenía que dar. Faltó hambre y ambición para hincar el diente a un mediomoribundo y mucho más juego por las bandas, a los que parece ser que Pellegrini tiente tanta alergia como varios de sus futbolistas, Marcelo por ejemplo. Será también porque sin Cristiano el Madrid no sólo deja de tener mucho gol sino también la ambición para ganar en campos que nunca se profanaron.

Pocas veces ha dominado el Madrid al Milan en San Siro, donde tantas veces le partieron la cara. Pocas veces, cimentado en la jerarquía de Lassana y Kaká y la movilidad de sus puntas, olió tan de cerca la sangre rossonera. Pero… No despachó como era receptivo el Madrid al geriátrico de Berlusconi en la primera mitad por su pésima utilización de los espacios, por su vício a que todo termine en el embudo del centro. El debate de las bandas sigue tan abierto porque los blancos, simplemente, las infrautilizan. Mala cosa, vício feo. Se terminan las jugadas a veces, pero de lejos y por el centro.

Una cosa es que no haya futbolistas pegados a la cal por orden de Pellegrini para la aparición por sorpresa de los laterales y otra que los interiores tengan alergia compulsiva a abrir el campo para el posterior centro. Y no vale con que Benzema e Higuaín se abran porque al final se consigue el efecto contrario las pocas veces que esto ocurre. ¿Que el delantero intente el centro y que el interior busque posición de remate? Porque en este Madrid casi no se centra desde afuera, se termina siempre en embudo o se prueba suerte en la ruleta de los tiros de lejos. Y ya no digamos la cumbre de la anarquía, el señor Marcelo, que tiene el mismo rigor táctico que una cabra floreando en un huerto. El lateral reconvertido salió de interior, pero jugó donde le vino en gana, de mediapunta o incluso de centrodelantero. Qué más le da. Nadie sabe qué posición ocupó en San Siro. Debiera tener un GPS a Pellegrini para localizar al brasileño.

La segunda mitad ofreció un bajón considerable de los blancos. Pellegrini no movió la noria de los cambios hasta el final. Le valía con aguantar. Se resistió alguna que otra acometidad del envilecido local e incluso Raúl, en los esterores del choque, erró el tiro de gracia que hubiese hecho sacar pecho y orgullo a Pellegrini tras unos días con la corbata apretando su cuello.

Era un día perfecto para levantarse definitivamente, olvidar la maldición histórica en San Siro y ofrecer una imagen de autoridad, con un fútbol veloz y directo que creó continuas ocasiones. La imagen de fuerza de la primera parte no fue secundada en la segunda. Kaká era el gran protagonista del partido. Regresó a la casa donde se convirtió en el mejor del mundo. Donde su nombre se proyectó para devolver a lo más alto a un equipo plagado de éxito en su historial. Activo en cada minuto, no se cansó de intentarlo. Hasta en cuatro ocasiones disparó a Dida. En una de ellas nació el gol madridista. Antes el Milán fue sorprendido por el Real Madrid, superado en cada acción y con Dida sin dejar de intervenir a disparos de Benzema (min.6), Higuaín (min.8) y ‘Lass’ (min.9). Salía a parada por minuto cuando un disparo de Sergio Ramos, especialmente motivado, rozó el palo cuando el brasileño se quedó clavado ante el chut cruzado. Como ocurrió en el Bernabéu, Pato era el peligro del Milán. Hoy lo tenía más difícil. Arbeloa mejora las lagunas defensivas de Marcelo. Estuvo firme aunque a la contra las diabluras de Pato y la visión de Ronaldinho mantenían en vilo a Casillas. Providencial el portero madrileño en la única ocasión que Pato se quedó libre de marca, ganando el mano a mano a los 24 minutos tras una clara falta a Higuaín no señalada. El colegiado alemán Felix Brych permitía mucho contacto. Desde esa acción todos tomaron nota. Había avisado Benzema con un disparo cruzado ajustado al palo y otro alto, cuando a los 29 minutos se encontró el rechace del disparo de Kaká y superó a Dida, retomando el testigo de Joseito. El único madridista que marcó en competición europea en San Siro, en 1956, en una larga lista de fatídicos partidos. Era el premio justo al mejor Real Madrid de la temporada, pero la maldición de San Siro debía justificarse. En una acción aislada, Pepe se lanzó y desvió con el brazo un centro. Penalti. Ronaldinho no dudo y colocó en la escuadra su lanzamiento (min.34). Como ocurrió en el Bernabéu, el Real Madrid pudo pagar caro unos minutos de duda. En esta ocasión el gol de Pato fue anulado. El árbitro interpretó falta sobre Arbeloa en un salto dentro del área, antes del remate con el que superaba a Casillas. Despidió el primer acto el Real Madrid con disparos de Kaká, levantándose del golpe recibido en un encuentro digno de las fases finales de Liga de Campeones. Esa intensidad se diluyó en la reanudación. El Milán adelantó líneas y pasó a tomar el mando. Ambrosini pudo reflejarlo en el marcador pero su cabezazo fue desviado cuando tenía todo a favor (min.58). Todas las acciones a balón parado acababan en cabezazos de jugadores del Milán. Thiago Silva remató a la espalda de Xabi Alonso. Borriello no encontró puerta. El Real Madrid se había empequeñecido, comenzaba a mostrar errores de su irregular inicio de temporada. Pudo caer el partido para cualquier lado. Borriello rozaba un centro medido que detuvo Iker. Benzema y Kaká disparaban a las manos de Dida. El ritmo del partido ya era tan bajo como deseaba el Milán y Pellegrini en vez de insuflar fuerza al centro del campo, hizo los cambios en la delantera. Dio entrada a Raúl y Van Nistelrooy. Sacrificó la velocidad de Higuaín cuando el equipo jugaba a la contra. Los nervios de los minutos finales dejaron dos errores defensivos madridistas. Un fallo de Pepe en el despeje no lo aprovechó Inzaghi, que instantes después cogía bien la espalda a Albiol pero chutaba al lateral. Sin embargo, la gran ocasión final, tras un potente disparo de Marcelo, la inventó Raúl. Su zurdazo se topó con la manopla izquierda de Dida en la parada de un partido digno de la mejor competición del mundo.

Real Madrid y Milán se pelearán con Olympique de Marsella en un grupo que arde.

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