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El Chelsea se mete por primera vez en una final de la Liga de Campeones al derrotar por 3-2 al Liverpool en la prórroga. Didier Drogba, bigoleador, estableció la jerarquía en un encuentro farragoso, como todos los que disputan estos dos adeptos al fútbol blindado.

Fernando Torres neutralizó al cuarto de hora del segundo tiempo el gol que Didier Drogba había estampado a los 32 minutos del partido que enfrentó de nuevo a las dos ciclópeas escuadras de la Premier League en las semifinales de la Liga de campeones.

El gol del madrileño, el primero de la ‘era Benítez’ en campo de los ‘Blues’, aseguró la prórroga, que decidiría el acceso a la final de Moscú. Frank Lampard, desde le punto de penalti, estableció una nueva ventaja para el Chelsea a los cinco minutos del tiempo extra, segundos después de que el árbitro anulara, en decisión correcta, un gol a su compañero Michael Essien, quien realizó un esfuerzo extraordinario durante toda la noche.

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Un gol en propia meta del noruego John Arne Riise en tiempo de descuento permitió liv-che.pnghoy al Chelsea romper el maleficio de Anfield con un empate a uno que confirió a los ‘Blues’ una ventaja inmerecida frente al Liverpool, a ante el partido de vuelta de la semifinales europea.

Una negligencia varió lo que parecía que iba a ser otro alarde de grandeza europea del equipo de Rafa Benítez.

Al Liverpool no le bastó hoy la contundencia que esgrime en el continente ante un Chelsea demasiado rígido al que la fortuna, en forma de gol en propia meta, salvó de estrellarse, una vez más, con la fortaleza de Anfield.

El fútbol poco vistoso de la escuadra de Londres y el entusiasmo mostrado por los “reds” hicieron olvidar, momentáneamente las diatribas que mantienen en vilo a los dueños de este emblemático club, los estadounidenses Tom Hicks y George Gillett.

Hoy, el fuerte blindado en el que se ha convertido este estadio en el continente no fue el escollo imposible para el Chelsea, que evitaba estrellarse por tercera vez contra los ‘reds’. Hoy, los ‘Blues’ rompieron el maleficio ayudados involuntariamente por su anfitrión.

La Liga de Campeones volverá a vivir un duelo que se ha convertido ya en un clásico de la máxima competición continental. Por cuarta vez en los últimos cuatro años Liverpool y Chelsea se verán las caras en la antigua Copa de Europa. Será la tercera semifinal entre ambos y en Anfield se espera que se repita la historia de las dos anteriores en las que los ‘Reds’ alcanzaron la final. Sin embargo, en esta ocasión cuentan con un inconveniente y es que el partido de vuelta se disputa lejos de su estadio. Éste es el factor que espera aprovechar el Chelsea, a ser posible, acompañado de un buen resultado en el Merseyside.

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Fernando Torres ha empezado a llamar en su primera temporada en Anfield a la puerta reservada para las leyendas en el más glorioso de los campos ingleses: The Legends. Su gol fue de una clase sólo comparable al que marcó en San Siro ante el Inter. Media vuelta y trallazo lo más cerca posible de la madera. Anfield no puede creerlo. Ha fichado a un atacante de verdad. Así, le despidió con una ovación estremecedora. Su cambio coincidió con el momento en el que el Liverpool se acababa de reponer a un golpe que parecía definitivo: la contra vertiginosa de Walcott que definió Adebayor y que ponía al Arsenal a diez minutos de las semifinales. Pero Reina levantó a sus compañeros y, al siguiente ataque de los reds, Touré cometió un penalti sobre Babel que transformó Gerrard. El partido alcanzó una intensidad insuperable en el tramo final, un ida y vuelta constante que aprovechó el Liverpool para machacar.

Benítez se reafirma con un gran logro: tres semifinales en cuatro años
Rafa Benítez consigue así un logro extraordinario: haber disputado tres semifinales de la Champions en cuatro años. Se enfrentará al odiado Chelsea. En su intento por construir un poderoso Liverpool de largo aliento, ya no hay dueño que le tosa. Wenger, por el contrario, volvió a evidenciar la debilidad de sus planteamientos en los partidos decisivos. Su equipo, que empezó como un rayo, se fue apagando hasta que lo rescató por unos segundos el vértigo de Walcott.

Y eso que el toque rápido y preciso de Cesc puso a bailar al Arsenal antes de que el Liverpool pudiera destensarse. En una de las triangulaciones diseñadas por el centrocampista, Diaby se plantó ante Reina y le convirtió en estatua de sal. El Liverpool desplazaba mucho el balón hacia atrás, como mandan los cánones, pero había una incomodidad manifiesta propiciada por la presión de los gunners. Cesc reinaba en el centro del campo. El juego de los reds se alargó mucho, demasiado, hasta que Hyypia, muy solo, igualó de nuevo la eliminatoria.

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