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El Barça ha logrado imponerse a las dudas sobre su reciente juego, a la amenaza del Inter de Mourinho y las bajas para imponerse por dos tantos a cero a los lombardos, en un partido controlado de principio a fin por los jugadores azulgrana. Decíamos en la previa del partido que ambos equipos mostraban a menudo dos caras. Hoy el Barça ha mostrado rasgos suficientes de su faceta más positiva y ha sumado tres puntos de oro con goles de Piqué y Pedro.

Las ausencias de Messi e Ibrahimovic trazaban un encuentro más complicado si cabe ante un Inter que venía crecido. Pero el equipo no ha notado las ausencias. Se ha dedicado a mantenerse fiel a sus principios y en especial le ha funcionado su sistema de presión en el centro del campo. Cada vez que algún jugador del Inter trataba de jugar el balón, un Wolfpack de jugadores azulgrana evitaban cualquier intento de contragolpe interista.

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Anulado de esta forma el enemigo, el Barça podía desplegar, sin deslumbrar pero sin descanso, su juego típico de toque y ofensivo. El primer gol de Piqué rematando un córner transmitió la tranquilidad necesaria al equipo. El segundo gol de Pedro, gracias a una jugada genial, donde entraron en juego la gran visión de juego de Iniesta y Xavi, un buen centro de Alves y la llegada de un jugador que se destaca como una de las grandes revelaciones de la temporada.

En frente, un Inter realmente decepcionante, sin recursos ni plan B para darle la vuelta al marcador. Tras el descanso y con la ventaja ya de dos goles a favor del Barça , los hombres de Mourinho han seguido planteando el partido de forma defensiva. Ante este panorama, los locales se han sentido cómodos para tocar, nadar y guardar la ropa. No se produjeron muchas más ocasiones de gol ni en una ni en otra portería, y Eto’o practicamente ni la tocó.

Con el resultado, el Barça certifica casi con seguridad su clasificación como primero de grupo. Y deja en evidencia planteamientos tan rácanos como el mostrado hoy por el Inter.

El FC Barcelona sólo pudo empatar (0-0) en su visita al Rubin Kazan en la cuarta jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones, tras un encuentro en el que el conjunto de Josep Guardiola se encontró con un inabordable muro que fue incapaz de superar, a pesar de dominar totalmente el partido y disponer de las mejores oportunidades.

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El cuadro blaugrana fue fiel a su idea pero no pudo perforar un sistema defensivo prácticamente indestructible, el de un equipo que rechazó el balón, pero cumplió su objetivo de minimizar al Barça, abortando sus opciones y sembrando la sombra de la duda para las dos jornadas finales, en las que ambos conjuntos se jugarán su pase a los octavos de final, dentro de un grupo muy igualado.

Los pupilos de Berdyev probaron las mieles de la gloria en el Camp Nou con una idea y optaron por llevarla hasta los extremos en su terreno. Casi rechazando el balón y con el argentino ‘Chori’ Domínguez como único jugador dispuesto a crear y no sólo a destruir, los rusos buscaban vencer a su rival por puro agotamiento de ideas.

Porque, al contrario de lo que pudiera pensarse, el principal enemigo blaugrana no era el frío. Distaba mucho de serlo. Sí lo fue el bloque perfectamente trabajado por Kurban Berdyev, que muestra una extraordinaria predisposición defensiva y una capacidad de trabajo colectivo que parece no tener fin.

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Cierto que nada se puede hacer ante el gran gol de Ryazantsev sólo empezar el duelo. Pero, luego, al equipo de Guardiola se le supone mucho más. Y, al contrario que en la temporada anterior, apenas tuvo recursos ante un rival muy organizado, más rodado, pero infinitamente menos técnico.

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Guardiola alineó un equipo ultra ofensivo, con un centro del campo de ataque y por Márquez en lugar de Puyol. Pero de nada sirve eso si los jugadores no se mueven sobre el césped. Están estáticos. Messi, quizás descentrado tras su paso por Argentina, ha perdido su ángel. A Iniesta le falta confianza.

Sólo una conexión de dos súper clase como Xavi e Ibrahimovic propició un empate, al inicio de la segunda parte, que quizás fue contraproducente: dio la impresión de que el Barça acabaría ganando por inercia. En cambio, perdió en un contraataque que condujo Domínguez.

A la desesperada, el grupo azulgrana encerró al rival en el área tras el 1-2. Estrelló dos balones en los palos (Ibrahimovic y Toure), pero las súplicas del técnico del Rubin desde el banquillo, siempre sujetando unas plegarias religiosas, evitaron el empate.

El Camp Nou y el Barça perdieron ayer en Europa la aureola de equipo inexpugnable. Ahora, al Barça le espera el frío invierno de Kiev y Kazan y recibir en casa al competitivo Inter de Mourinho. Un enredo. Grande.

Volvió 12 años después el Dinamo al Camp Nou y recordó a ese equipo de Lobanovski que aterrorizaba con sus contragolpes. Volvió Shevchenko, el día de su 33 cumpleaños, casi 12 años después de su ‘hat trick’ y justo es admitir que acusó el peso de los años ante Puyol. El capitán fue de lo mejor del Barça junto con Ibrahimovic y Xavi, responsables de las mejores oleadas de un campeón que se permitió más familiaridades de lo habitual.

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De hecho, el Dinamo pisó campo rival con descaro, quizá más que nadie en los últimos tiempos en el coliseo azulgrana. Lució a sus tiernos valores, como Magrao, Yarmolenko o Almeida y discutió por momentos la supremacía del Barça, un equipo con tantos recursos como formas de ganar. De hecho, volvió Iniesta y sólo pudo jugar el primer tiempo, pero fue Pedro, su relevo, quien echó el candado a los tres puntos.

En cuanto a las maneras de perder, el Dinamo escogió la más audaz, antítesis de lo propuesto por el Inter hace dos semanas. Ocupó los espacios sin arrinconarse y cuando conquistó el balón, se lanzó a la carrera con la convicción que otorga la juventud. Sin embargo, su portero falló ante Messi y regaló tranquilidad al equipo de Guardiola, contento con la ventaja, con instantes de genialidad, pero incapaz de multiplicar el resultado por el acierto del mismo Shovkovskyi, un veterano empeñado en su propia redención bajo palos.

Siempre, o mejor dicho generalmente,  el campeón vigente comienza la Champions League como candidato a retener el título (y digo generalmente porque casos como el de Porto en 2004 o Borussia Dortmund en 1997 podrían ser las excepciones a la regla). Pero en este caso el campeón no sólo es el candidato por ser quien posee el título, es el candidato porque sostiene un fútbol que es de lo mejor que se ha visto en los últimos años, y también porque el nivel de sus rivales, de sus retadores, no promete mucho más que la pasada temporada.

Messi, el mejor de todos, es uno de los mejores argumentos del Barsa

Analicemos por partes las dos razones mencionadas anteriormete: El Barsa 2009/2010 es a buenas y primeras, mejor o igual al de la temporada pasada, posee un plantel jóven (de la base titular sólo Henry supera los 30 años, con 32 abriles), contará con la ventaja de conocerse y sin sufrir  bajas significativas, ya que ha suplido la salida de Samuel Eto’o con la llegada de Zlatan Ibrahimovic, un jugador que incluso puede llegar a dar más que el camerunés, aunque eso este aún por verse.

En cuanto a los rivales, en la previa sólo Real Madrid asoma como una amenaza. Los millones de Florentino Pérez apuntan directo al trono blaugrana, y nombres como Cristiano Ronaldo, Kaka’, Benzema o Xabi Alonso hacen creer que los blancos serán un rival de temer.

Del resto, poco parece ser más preocupante, Manchester United, finalista en 2008 y 2009 deberá superar la  etapa post-Cristiano, perdiendo también a Carlos Tevez e incorporando a un casi desconocido Valencia y al olvidado Michael Owen. Chelsea podría ser un enemigo considerable, los blues fueron el único equipo que domó a los leones de Guardiola en la 2008/2009, habrá que ver el desempeño del equipo bajo el mando de Carlo Ancelotti. Y Liverpool sigue siendo Liverpool, capaz de las hazañas más impensadas, pero hoy por hoy con un equipo que debe demostrar algo más.

La crisis por la que pasa el fútbol italiano hace creer que desde allí no surgirá un serio candidato. El mejor equipo de la Serie A (Inter) tiene que demostrar de una vez que puede pisar fuerte en Europa, algo que está en el debe desde hace cuatro temporadas. Milan continúa sumido en una decadencia crónica que no cambiará hasta que se plantee una real renovación de su plantilla y Juventus no parece tener aún un nivel capaz de aspirar al título.

Zlatan Ibrahimovic, la nueva estrella del Barcelona

De los demás, será cuestión de ver el juego de los equipos que pueden ser revelación, entre ellos el Bayern Münich de Van Gaal, el Arsenal inglés o la Roma que supo meterse en cuartos en los últimos años, pero el balance es uno, no hay un serio rival que le dispute el trono a Barcelona.

Claro está que todo este análisis puede caer por tierra en Diciembre, cuando la competencia atraviese su ecuador, pero por eso es sólo un análisis previo, y de eso se trata elegir a un candidato: Señalar al que cuenta con más posibilidades antes del comienzo. 

Hay un sólo dato previo que le juega en contra al Barsa a la hora de creer en que puede retener el título, y ese es que ningún equipo ha logrado repetir el éxito al año siguiente desde la temporada 1989/90, cuando el certamen aún se llamaba Copa de Europa y el Milan se consagraba en dos oportunidades consecutivas.

Es decir, ningún equipo logró ganar la Champions en oportunidades consecutivas, y el Barsa deberá afrontar ese reto, de la misma forma en que supo ser el primer equipo Español en quedarse con un triplete.